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Costa Rica y Nicaragua
para ecologistas exquisitos

 

Por Ana Wajszczuk
Publicado: Febrero, 2005
Fuente: Revista Travesías

Los hoteles de pequeña escala y mucho estilo que combinan los productos orgánicos con el paladar gourmet, la preocupación por el ecosistema con el diseño y los deportes de aventura con los spas, son la diferencia más evidente entre la costa del Pacífico en Costa Rica y Nicaragua y el paisaje de La laguna azul, aquella película donde dos jóvenes náufragos se enamoraban entre cascadas, arenas blanquísimas y el verde intoxicante de la jungla.

Un breve paneo por esta franja tropical de Centroamérica muestra flores con nombres como heliconias o bromelias rodeando el baño al aire libre de una villa, o el ventanal de una suite color blanco mediterráneo con vista a un dojo frente al mar; cascadas a minutos de la habitación, uno mismo nadando en la piscina interior de una casona colonial convertida en hotel, monos cariblancos en la ventana. Intimidad.

Los dos países pueden recorrerse en un solo viaje; comparten una historia común y el río San Juan como frontera antológica (por allí pasaron desde el Capitán Morgan hasta Mark Twain), y hoy son nuevas mecas del ecoturismo deluxe.

Nicaragua se recupera de terremotos, dictaduras, revoluciones y tornados, y empieza a asomar como un destino ecológico de primer nivel, manteniendo aún el encanto local de un lugar virtualmente intocado por el turismo. Mientras que Costa Rica, hogar de 5% de la biodiversidad mundial, y con más de 20 años de desarrollo turístico a sus espaldas, hace rato dejó de ser un destino para mochileros para convertirse en un destino exótico pero accesible, donde aún existen playas desiertas y senderos donde puede sentirse que se es la única pareja sobre la Tierra.

En ambos países, la temporada más cara y multitudinaria es entre fines de diciembre y principios de enero, y la temporada baja o green season va de mayo a noviembre. Aunque llueva seguido, es ésta la época para ver el verde en todo su esplendor, y los precios de alojamiento bajan hasta un 30 por ciento.

La puerta de entrada a este recorrido es el Aeropuerto Juan Santamaría, en San José de Costa Rica. De ahí hay que ir directo al Xandari Resort & Spa, que queda a 15 minutos. Esta antigua plantación de café tiene 21 villas de colores vivos y curvas suaves, con terraza, patio estilo mexicano y vistas al Valle Central. Su spa se distribuye en seis palapas con jacuzzi, donde se puede practicar yoga o deleitarse con tratamientos de concha nácar, macadamia o café. Si no se aloja aquí, averigüe sobre los paquetes para pasar el día. A fines de este año abre Xandari by the Pacific, en Playa Esterillos.

Otro escenario romántico para empezar la estadía es el Peace Lodge, ubicado dentro de los jardines de La Paz Waterfall, a una hora del aeropuerto y frente al Parque Nacional Volcán Poás. Además de ascender al cráter del volcán (a 2*700 metros sobre el nivel del mar) o practicar rafting en el cercano río Reventazón, apto para principiantes, pasear por estos jardines de orquídeas, bromelias, cataratas y un mariposario —que dice ser el “más grande del mundo”— es una de las mejores excursiones en la zona.

Las 17 villas tienen balcones con jacuzzi y vista al volcán, camas con dosel y chimeneas de piedra para las noches frescas. Las villas Deluxe tienen, además, un baño gigante con jardín interno, donde el agua cae desde una cascada de piedra hacia otro jacuzzi.

Bajar al centro de la ciudad tiene poco de romántico, excepto para visitar alguno de sus restaurantes. Por ejemplo, el patio–restaurante del Hotel Grano de Oro o, para cenar a la luz de las velas, el restaurante La Luz del Hotel Alta, en el exclusivo barrio de Escazú.

El Pacífico costarricense playa por playa

Desde San José hay varias opciones para empezar a recorrer el Pacífico. Por su lado más salvaje está la remota Península de Osa, entre el océano y el Golfo Dulce, a una hora de vuelo charter. National Geographic la llamó “el lugar más biológicamente intenso de la Tierra”, pues hay desde guacamayas hasta cocodrilos, y mucho bosque tropical.

Muy cerca de la entrada del Parque Nacional Corcovado, en una colina sobre Playa Carate, están los ocho bungalows de Luna Lodge. Tiene un gran deck de madera suspendido sobre el bosque, árboles de ylang ylang que perfuman el aire y jardines internos justo saliendo de la tina. Desde aquí puede explorar el parque y sentir en la playa desierta que, efectivamente, ustedes son la única pareja que existe en el mundo.

En Playa Carbonera, en el extremo de la península y alto en la montaña, están las 400 hectáreas del ecolodge Lapa Ríos, el más importante de Costa Rica y uno de los dos hoteles en todo el país con la máxima calificación que otorga el Instituto Costarricense de Turismo en cuanto a desarrollo sostenible. Los bungalows son enormes y privados, y vale la pena, aunque está bien alto, pedir el que tiene vistas del golfo y el océano. Recuerde, de todos modos, que como ecoresorts, estos hoteles no ofrecen aire acondicionado, teléfono, minibar ni televisión, accesorios que entre tanta abundancia natural resultan casi grotescos.

La playa hot hoy día es la zona de Mal País–Santa Teresa, dos pueblos ubicados cerca de la Reserva Natural de Cabo Blanco, en el Pacífico Central, que no existían hace 20 años y hoy son el lugar de mayor crecimiento y desarrollo en la península de Nicoya. Si no son las playas más blancas y hermosas del país, están entre las cinco que más se acercan.

Flor Blanca es uno de los nuevos resorts de lujo. Su restaurante especializado en delicias vegetarianas con un toque tailandés es el mejor para cenar en toda el área, y puede hacerlo en una palapa privada junto a la piscina (alrededor de 30 dólares con bebidas). La decoración tiene reminiscencias de Indonesia y las villas, frescas y aireadas, se abren en un espacioso balcón con sillones de ratán. Cualquier antojo suyo o de su pareja, coménteselo a los dueños antes de la clase de yoga o pilates: harán lo imposible por complacerlo.

No deje de visitar Playa Montezuma, a unos 20 kilómetros. Tiene buenas tiendas y bares, ambiente internacional y hermosas cascadas. Una de ellas cae al mar, y puede verse en bote mientras se va de excursión a las arenas cristalinas de la Isla Tortuga.

Al norte, en la llamada Costa Dorada, queda Playa Tamarindo, una de las más populares del país por su extensa y mansa bahía. En pleno auge inmobiliario, es una buena base para explorar la costa norte y para quienes buscan música en vivo y bares además de playa. Muy cerca de ahí, en la tranquila Playa Grande, está el Hotelito Si Si Si. Tiene apenas 4 habitaciones y está ubicado en la zona conocida como el Palm Beach local. Al sur, tiene otra playa exclusiva: Langosta, sede de condominios lujosos y de Sueño del Mar, un diminuto bed & breakfast estilo mediterráneo que desde hace quince años es el número uno de Tamarindo. Y escondido en las colinas yace Panacea de la Montaña, un sencillo resort donde puede tomarse un baño de aromaterapia o un tratamiento de reflexología con panorámicas de toda la zona.

Una actividad imperdible en Tamarindo es navegar, ya sea para hacer esnórquel o para tomar una copa de vino al atardecer en un yate de vela. Desde aquí también puede explorar las haciendas cercanas al Parque Nacional Rincón de la Vieja: ofrecen visitas a las aguas termales y pozas de barro volcánico del parque, además de cabalgatas y senderos donde avistar toda clase de animales.

A menos de una hora de Tamarindo está el Aeropuerto Daniel Oduber Quirós, en las afueras de la ciudad de Liberia. Desde allí puede tomar un vuelo charter y estar en 45 minutos en Granada, la joya turística del país más grande de Centroamérica: Nicaragua.

Nicaragua en materia de cráteres,

playas y hoteles coloniales

Granada, a orillas del Lago Nicaragua —tan extenso que los conquistadores creyeron encontrar un nuevo océano—, es una de las ciudades coloniales más antiguas del continente. Piratas y filibusteros la saquearon e incendiaron, pero conservó su talante de Gran Sultana, como fue llamada. Es un buen sitio para comenzar a descubrir Nicaragua, pues queda cerca de muchos de los mejores paseos del país.

Además, se trata de un deleite de clima tibio, casas coloniales pintadas de color salmón, lavanda o amarillo e iglesias barrocas, muy fácil de recorrer en una caminata o en uno de los típicos coches tirados a caballo. Es desde hace tiempo un activo centro cultural, y siempre hay exposiciones, conciertos o encuentros poéticos.

La vida en Granada transcurre aún con las puertas abiertas y las sillas mecedoras en la calle. Muchas de las casonas de patios internos y tejas de barro, restauradas, hoy son hoteles boutique y restaurantes. Como La Gran Francia, en la esquina sureste del Parque Central, que tiene 20 habitaciones decoradas como en una antigua posada colonial, además de balcones, piscina interna y la espectacular Suite del Duque. Para más intimidad, puede alquilar una casa privada para usted solo, como Casa Colonial o Casa Santa Lucía.

El Club y El Tercer Ojo son dos de los lugares más trendy de la ciudad, donde comprar delicatessen, buscar libros, y quedarse por una copa. Otro restaurante imperdible es Doña Conchi’s, donde puede comprar lámparas y platos, degustar exquisiteces mediterráneas y, si tiene suerte, la españolísima Conchi le dará un show de castañuelas.

Granada mira al volcán Mombacho —Nicaragua tiene más de 40 volcanes— y subir al cráter es un paseo imperdible. Desde la base, un antiguo camión de guerra transformado en “ecomóvil” lo llevará a la cima, desde donde puede seguir un sendero por el bosque hasta unas fumarolas. Desde ahí, a 3*600 metros sobre el nivel del mar, se puede ver casi un tercio del país.

A 20 kilómetros queda el Antiguo Mercado de Masaya. Los jueves por la tarde hay verbenas, y se venden desde hamacas hasta botas de piel de serpiente. De regreso, suba hacia el cráter Santiago del volcán Masaya, donde los conquistadores clavaron una enorme cruz para espantar al diablo que se creía vivía en su interior.

En los pueblos de Catarina y San Juan de Oriente, a 20 minutos de Granada, encontrará artesanías a precios menos comerciales que en Masaya. La calle central de Catarina lleva hasta un mirador desde donde se ve la Laguna de Apoyo, un enorme lago–cráter, donde se puede practicar windsurf. Se dice que sus aguas con azufre son excelentes para la piel: averígüelo en la cubierta de madera del restaurante de Norome, un complejo turístico a sus orillas.

En San Juan de Oriente casi todas las casas son talleres de ceramistas. Puede encontrar los típicos calentadores de cerámica llamados “diablitos” (desde 5 dólares) y juegos de jarrones con motivos precolombinos (por 10 dólares), además de máscaras, platos y candelabros únicos. Pregunte por la Cooperativa Quetzalcóatl y por el taller del pintor Marcell Navarro.

Como en la zona del Pacífico nicaragüense todo queda muy cerca, si quiere hacer base en una playa, encamínese a San Juan del Sur, a 20 minutos de la frontera con Costa Rica. Esta bahía de pescadores habitada también por surfers y artistas tiene un hermoso malecón con restaurantes para ver el atardecer, y todos los fines de semana hay fiestas populares en las calles. El mejor hotel del pueblo es Piedras y Olas, en lo alto de una colina. Las suites dan al mar, al igual que el restaurante abierto y la piscina.

Desde San Juan del Sur hay taxis terrestres y de agua que llevan a algunas de las playas cercanas, de arenas blancas y aguas cristalinas. Al norte (10 km) está Bahía Majagual, y al sur (17 km), el Parque Marítimo El Coco. A 20 minutos por la playa desde el parque, se llega al Refugio de Vida Silvestre La Flor, donde todos los años, entre julio y enero, miles de tortugas marinas llegan a poner sus huevos. Los tours (25 por persona) llegan al parque de noche para observarlas, cuando se puede llegar a ver hasta 5 mil de estos gigantes marinos.

A media hora de San Juan del Sur está el flamante Morgan’s Rock, el primer ecoresort de lujo en Nicaragua. Siguiendo los principios conservacionistas de su hermano costarricense, el hotel Lapa Ríos, el lodge se asienta en una finca de 1*800 hectáreas frente a Playa Ocotal, donde se manejan extensos proyectos de reforestación y el 90% de la comida —desde los camarones hasta los corderos— se cría in situ. Tiene 15 villas construidas con maderas locales y piedra, exquisitamente sencillas, a las cuales se llega atravesando un puente suspendido sobre un pequeño cañón. Y la atención de lujo es un extra en un país de por sí hospitalario. Puede visitar media Nicaragua desde el resort, gracias a su flexible catálogo de excursiones.

El lado caribeño

El Atlántico también tiene mucho sabor local: los negros traídos a la zona a trabajar en la industria del plátano desde Jamaica y los esclavos que sirvieron a los conquistadores crearon una cultura muy particular, con comidas sabrosísimas, idioma creole, calypso y carnavales antológicos.

En Costa Rica, el sitio es Puerto Limón, donde Colón descubrió la rica costa en 1502. Desde allí, los 15 kilómetros hasta la frontera con Panamá son una perfecta postal caribeña de palmeras, cocos y agua mansa. El Parque Nacional Cahuita y el Refugio de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo albergan arrecifes de coral y playas desiertas, y es un buen lugar para ver delfines.

En Nicaragua, el paraíso caribeño se llama Little Corn Island, queda a una hora de vuelo de Managua y otra media hora en bote. Es una isla blanca y diminuta, de arena como azúcar y mar azul, perfecta para practicar buceo.

Cómo moverse

Aunque Costa Rica sea el país más desarrollado de Centroamérica, sus carreteras están en asombroso mal estado, por lo que ir de un sitio a otro se hace eterno. Sin embargo, rentar una 4x4 es muy común. En temporada alta las tarifas empiezan en los 300 dólares por semana. Por el mismo precio, usted puede hacer unos cuatro viajes en vuelos charter dentro del país. Las empresas locales son Sansa (www.flysansa.com) y Nature Air (www.natureair.com), que también tiene vuelos a la ciudad de Granada, en Nicaragua. Ambas vuelan prácticamente a los mismos destinos, unos 15 en todo el país. Otra opción es Macaw Air (www.macawair.com), localizada en Playa Tamarindo, que ofrece cinco destinos de la costa del Pacífico por 200 dólares. Una vez instalado, lo más confortable y práctico es rentar un cuatriciclo (alrededor de 70 dólares el día).

En Nicaragua, las distancias son cortas, las carreteras están en mejor estado y los taxis colectivos, regateode por medio, son muy baratos: por 10 o 20 dólares puede ir desde Granada a casi todos los destinos dentro de Nicaragua mencionados en esta nota. Si quiere uno privado posiblemente le cueste más: discuta tarifas y condiciones antes de subirse.

COSTA RICA

Lapa Ríos

Península de Osa; T. (506) 735 5130; www.laparios.com; paquetes de luna de miel desde 2 mil dólares por pareja.

NICARAGUA

Morgan’s Rock
Playa Ocotal; T. (506) 296 9442; www.morgansrock.com; paquetes de 6 días desde 2 mil dólares con comidas y excursiones incluidas.

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Ondine Cohane in Conde Nast Traveler, March 2005:
"I go for a long sunset swim off the beach at Morgan's Rock and feel as though the whole Pacific were mine alone."


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